
leí hace poco que la única comunicación real se produce a través de las manos. Las manos tienen el lenguaje más preciso. Como no les interesa fingir ni mentir se conservan sinceras. No sienten la guillotina de otras miradas , están a salvo de la torre de control .
Los oídos cuya función primordial es escuchar música es el sentido corporal más sacrificado , está comprobado que de cada cien canciones una es buena. De cada cien discursos que oímos uno es interesante. Por los oídos se cuela la contaminación del mundo, y no solo la acústica.
Las bocas , fumarolas incansables, son el azote de los oídos. No hay nada más asqueroso que el movimiento de una boca mientras expulsa un discurso de fe. En este caso el horrendo espectáculo es captado por los ojos en un primer plano de : lengua reptando por el orificio babeante , especial mención requieren las comisuras donde se ha implantado un pegote de saliva fruto de la naturaleza supurativa de la fe.
Del discurso de fe ni hablamos, y sobre todo no replicamos , es mejor asentir y salir corriendo a las primeras de cambio.
Los sentidos y la corrupción del alma. Mantenerse intacto es difícil hace falta el mundo interior de un gato o la altura de cuello del avestruz para escuchar el latido del interior de la tierra.
La comunicación es un milagro, el resto es preguntar la hora , hablar del tiempo.
Por eso las manos deben seguir pasando desapercibidas. Que nadie se entere de nuestro secreto , no vaya a ser que empecemos a hablar a las manos y los focos de las torres de control persigan sus movimientos , y se vuelvan tímidas e inexpresivas y dejemos de reflejar las convulsiones ciclotímicas del alma de forma natural.

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