Julio la había abofeteado suavemente antes de murmurar la frase obscena, elogiosa, insultante que toda mujer bien nacida necesita oír antes de la muerte, la única que puede ser grabada para siempre en el corazón y cuya fresca presencia es un consuelo eficaz en todas las horas adversas : “Nunca conocí perra tan perra”.
Juan Carlos Onetti – La vida breve
No comments:
Post a Comment