Tuesday, April 01, 2014

MACBETH - ACTO I - Escena II



MALCOLM. ...¡Te saludo, bravo amigo! Di al Rey lo que sepas de la lucha cuando la dejaste.
CAPITÁN. Estaba en duda, como dos nadadores exhaustos, que se aferran uno a otro, sin dejarse nadar y ahogándose. El inexorable MacDonwald (digno de ser rebelde, pues en él bullen las distintas maldades de la Naturaleza) recibe refuerzos de infantes y jinetes de las Islas de Poniente, y la Fortuna, sonriendo su causa maldita, ha demostrado ser la prostituta de un rebelde; pero todo eso tiene poca fuerza, pues el valiente Macbeth (bien merece que se le llame así), despreciando a la Fortuna, blandió el acero humeante de sangrienta matanza (como favorito de la Valentía) para abrirse a golpes como trinchando, hasta enfrentarse con ese bribón, y no le dio la mano ni se despidió de él antes de descoserle desde el ombligo a las costillas, y de plantar su cabeza sobre nuestras almenas.
W. Shakespeare

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