MALCOLM. ...¡Te saludo, bravo amigo! Di al Rey lo que sepas de la lucha cuando la dejaste.
CAPITÁN. Estaba en duda, como dos nadadores exhaustos, que se aferran uno a otro, sin dejarse nadar y ahogándose. El inexorable MacDonwald (digno de ser rebelde, pues en él bullen las distintas maldades de la Naturaleza) recibe refuerzos de infantes y jinetes de las Islas de Poniente, y la Fortuna, sonriendo su causa maldita, ha demostrado ser la prostituta de un rebelde; pero todo eso tiene poca fuerza, pues el valiente Macbeth (bien merece que se le llame así), despreciando a la Fortuna, blandió el acero humeante de sangrienta matanza (como favorito de la Valentía) para abrirse a golpes como trinchando, hasta enfrentarse con ese bribón, y no le dio la mano ni se despidió de él antes de descoserle desde el ombligo a las costillas, y de plantar su cabeza sobre nuestras almenas.
W. Shakespeare

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